Su voz surge natural, como de haberla escuchado toda la vida, desde algún punto de mi habitación. No tengo idea de la hora, pero me saca de un sueño profundo.
-Hola papá.
-Hola hija. ¿Pasó algo?
-Siempre pasan cosas, no? Eso está bueno.
-Sí, está bueno.
-Pá?
-Qué, mi amor?
-Sabés que es imposible que yo esté en este momento acá hablando con vos, no?
-Sí, hija.
-Estás llorando?
-No mi amor. Es sólo una lágrima. No llega a llanto. Es que me alegra tu presencia. Sé que estás bien… pero igual tengo que preguntar. ¿Cómo estás?
-Bien, pá. Quedate tranquilo. Está todo bien.
-Me alegro.
-Papi?
-Qué.
-Tenés que estar bien, pá.
-Estoy bien, hija. En serio. A vos no te puedo mentir. Obviamente tengo mis momentos de tristeza, pero creo que en algún punto, también me permito disfrutarlos. El otro día te fui a visitar.
-Sí, lo sé.
-Me viste?
-No seas bobo, pá. ¿Cómo te voy a ver? Pero lo sé.
-Claro. Mientras estaba ahí sentado y miraba las olas rompiendo contra las piedras, se me ocurrió un especie de poema sobre vos.
-Y sobre mamá.
-(sonriendo) Sí, sobre mamá también.
-Me gustó lo que escribiste.
-¿Todo?
-Sí, las maldades que escribiste de mamá me causaron mucha gracia. Al abuelo también le gustó. Se puso contento que hayas vuelto a escribir.
-No está enojado?
-Vos querés que esté enojado. El te manda un abrazo fuerte y dice que la patada que te corresponde la deja para otro momento, pero que no te distraigas porque sigue sobrevolando. ¿Ahora sí estás llorando?
-Puede ser…. De golpe me dieron muchas ganas de abrazarlos.
-Acá estamos. Siempre. Y vos con nosotros.
-Es cierto. A veces me olvido.
-Pá?
-mmm?
-No tendrías que volver a dormir?
-No, me gusta escucharte. Escuchar tu voz.
-Igual, sabés que esta no es mi voz, no?
-Claro.
-Pero te pone triste?
-No es eso. Qué se yo. Siempre le cuento a tu hermano sobre la magia. La magia de la música, que es verdadera magia. Porque de la nada nos hace aparecer sentimientos. Nos pone alegres, tristes…
-Las palabras también tienen esa magia.
-Sí, es cierto. Pero las palabras también pueden hacer aparecer enojos, cosa que la música creo que no.
-Ahora estás enojado?
-No, mi amor. Ahora sólo lloro. Apareció la tristeza.
-Por estas palabras… Igual sabés que es imposible que nosotros hayamos tenido esta conversación, no?
-Lo sé, hija. Te quiero mucho.
-Yo también.
-Y siempre te voy a querer. Pero siempre de verdad.
-De esos siempre que no terminan nunca, no?
-Sí, de esos.
-Chau, pá.
-Hasta siempre, hija. Hasta siempre.
miércoles, 10 de octubre de 2007
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1 comentario:
Amigo mío, me gusta como escribís, sos mi ídolo, sin más....
Tu amigo el motoquero de siempre.
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