miércoles, 10 de octubre de 2007

Desde adentro

Su voz surge natural, como de haberla escuchado toda la vida, desde algún punto de mi habitación. No tengo idea de la hora, pero me saca de un sueño profundo.

-Hola papá.
-Hola hija. ¿Pasó algo?
-Siempre pasan cosas, no? Eso está bueno.
-Sí, está bueno.

-Pá?
-Qué, mi amor?
-Sabés que es imposible que yo esté en este momento acá hablando con vos, no?
-Sí, hija.
-Estás llorando?
-No mi amor. Es sólo una lágrima. No llega a llanto. Es que me alegra tu presencia. Sé que estás bien… pero igual tengo que preguntar. ¿Cómo estás?
-Bien, pá. Quedate tranquilo. Está todo bien.
-Me alegro.

-Papi?
-Qué.
-Tenés que estar bien, pá.
-Estoy bien, hija. En serio. A vos no te puedo mentir. Obviamente tengo mis momentos de tristeza, pero creo que en algún punto, también me permito disfrutarlos. El otro día te fui a visitar.
-Sí, lo sé.
-Me viste?
-No seas bobo, pá. ¿Cómo te voy a ver? Pero lo sé.
-Claro. Mientras estaba ahí sentado y miraba las olas rompiendo contra las piedras, se me ocurrió un especie de poema sobre vos.
-Y sobre mamá.
-(sonriendo) Sí, sobre mamá también.
-Me gustó lo que escribiste.
-¿Todo?
-Sí, las maldades que escribiste de mamá me causaron mucha gracia. Al abuelo también le gustó. Se puso contento que hayas vuelto a escribir.
-No está enojado?
-Vos querés que esté enojado. El te manda un abrazo fuerte y dice que la patada que te corresponde la deja para otro momento, pero que no te distraigas porque sigue sobrevolando. ¿Ahora sí estás llorando?
-Puede ser…. De golpe me dieron muchas ganas de abrazarlos.
-Acá estamos. Siempre. Y vos con nosotros.
-Es cierto. A veces me olvido.

-Pá?
-mmm?
-No tendrías que volver a dormir?
-No, me gusta escucharte. Escuchar tu voz.
-Igual, sabés que esta no es mi voz, no?
-Claro.
-Pero te pone triste?
-No es eso. Qué se yo. Siempre le cuento a tu hermano sobre la magia. La magia de la música, que es verdadera magia. Porque de la nada nos hace aparecer sentimientos. Nos pone alegres, tristes…
-Las palabras también tienen esa magia.
-Sí, es cierto. Pero las palabras también pueden hacer aparecer enojos, cosa que la música creo que no.
-Ahora estás enojado?
-No, mi amor. Ahora sólo lloro. Apareció la tristeza.
-Por estas palabras… Igual sabés que es imposible que nosotros hayamos tenido esta conversación, no?
-Lo sé, hija. Te quiero mucho.
-Yo también.
-Y siempre te voy a querer. Pero siempre de verdad.
-De esos siempre que no terminan nunca, no?
-Sí, de esos.
-Chau, pá.
-Hasta siempre, hija. Hasta siempre.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Amigo mío, me gusta como escribís, sos mi ídolo, sin más....
Tu amigo el motoquero de siempre.