Con todo el dolor que me provoca abandonar algunas cosas, es momento de dejar este blog.
Las razones son bien claras.
Las razones son bien claras.
El dolor, como todo, se supera. La bronca, pasa. De una manera u otra se transforma en otra cosa. O por lo menos, debemos tratar de transformarla en otra cosa. Yo lo hice o traté de hacerlo. Traté que toda mi bronca se transformara en palabras.
Desde chico intenté erradicar mis miedos, mis frustraciones transformándolos en historias. Mis fantasías terminaban en cuentos sobre guerras, actores encerrados en su camarín, locos que tocaban músicas sordas, etc.
Esto no quiere decir que ya he resuelto todo cuanto ha pasado en el pasado. O lo que me pasa en el presente. Los que me rodean lo saben mejor que yo…
Pero este ha dejado de ser un lugar anónimo. Un lugar donde pueda expresarme libremente, sin autocensura. De alguna manera alguien ha levantado el velo protector del anonimato, y quien no debía, leyó lo que nunca debió leer. Aunque, debo confesar, desde hace unos meses fantaseaba con mostrarle (en algún momento) lo que me había provocado, y las palabras que había vomitado por ella.
Tal vez porque nunca me demostró que hubiera comprendido. Por lo menos, nunca lo sentí.
Desde chico intenté erradicar mis miedos, mis frustraciones transformándolos en historias. Mis fantasías terminaban en cuentos sobre guerras, actores encerrados en su camarín, locos que tocaban músicas sordas, etc.
Esto no quiere decir que ya he resuelto todo cuanto ha pasado en el pasado. O lo que me pasa en el presente. Los que me rodean lo saben mejor que yo…
Pero este ha dejado de ser un lugar anónimo. Un lugar donde pueda expresarme libremente, sin autocensura. De alguna manera alguien ha levantado el velo protector del anonimato, y quien no debía, leyó lo que nunca debió leer. Aunque, debo confesar, desde hace unos meses fantaseaba con mostrarle (en algún momento) lo que me había provocado, y las palabras que había vomitado por ella.
Tal vez porque nunca me demostró que hubiera comprendido. Por lo menos, nunca lo sentí.
Bien, llegó la hora. Nunca llega cuando uno quiere, sino cuando toca. Es hora de sacarse el sombrero, mirar al cielo y agradecer por los momentos compartidos.
Es hora que Cyrano diga su última frase. Aquella que le oí decir hace mucho y me cautivó para siempre:
“No hay lucha más noble que aquella que se sabe perdida”.
Hasta siempre.
C.d.B.
