martes, 22 de abril de 2008

Mis distintos nombres

Me han llamado de distintas maneras a lo largo del tiempo.
Me han dicho Cyracho, Cyrachín, Cyrachete, Pirulo, Boludo, Bolú, Culo Pesado, Forro (varias veces), Digu, Hijo, Alumno, Ciudadano, Usuario.
Algunos aduladores me dijeron Escritor (ja, fue mucho, en serio), Tanguero, Rockerito, Melanco, Zurdo, Facho, Desconsiderado, Peronacho, Nadigasnada, Narigueta.
Negro, Negrito, Amigo, Hermano, Nene, Flaquito, Señor (pendeja irrespetuosa, ja), Hijo de re mil puta, Sobrino político favorito, Carissimo Cugino, Caro, Compadre, Primo, Ojitos Lindos, Ojitos Claros, Maestro, Brother, Bro.
Me han nombrado Chofi (¿qué habrá sido de tu vida?), Colgueti, Bonito, Querido, Lindo.

Me han llamado Papá.

Ahora espero a esa persona, que me reciba diciéndome mi amor.

"La vida no vivida"

Ayer, de casualidad (aunque cada vez desconfío más que existan estas coincidencias fortuitas) llegó a mis manos una nota de la cual me gustaría compartir algunas líneas con Uds.

"Un libro no escrito es como una sombra activa que acompaña, con ironía y tristeza, las obras realizadas. Se trata de una vida que habríamos podido vivir y no vivimos, de un viaje que habríamos podido hacer y no hicimos. Pero la posibilidad perdida puede tener consecuencias imprevisibles. Incluso el libro no escrito podría a veces marcar una enorme diferencia. ¿Un fracaso? ¿Un éxito? Quién sabe "
Y, aunque mi oficio me haya dado tantas satisfacciones, no puedo ocultar el arrepentimiento de no haber tenido verdaderamente el coraje de correr el riesgo de escribir. He publicado poesía y novelas, pero tal vez hubiera podido, como dice Beckett, ´fracasar mejor "
George Steiner.

Bellas palabras. Me encantó la idea de tener el coraje de “fracasar mejor”. Me deja pensando en varias charlas que tuve con mi Delpy del alma, y en lo primero que leí de Fer.
Repito. Cada vez más, creo menos en lo azaroso de esta vida.

lunes, 21 de abril de 2008

Un nuevo libro condenado al olvido... je!

EL CANTO DE LA SIRENA
(todavía no tiene subtítulo)

PRÓLOGO
Era como si no la hubiese visto por 15 años, y estuviera tal cual la recordaba. El brillo en sus ojos tristes, la forma de su boca. Esa boca que tanto había extrañado.
El abrazo fue como lo esperaba, con la calidez de sentirse en donde uno pertenece. Un reencuentro de sensaciones y olores conocidos. Nuestros cuerpos no habían perdido la medida del otro. Esa unión perfecta. El lugar indicado para cada mano, cada hueco del otro.
Demoramos el beso en ese abrazo. Le oí susurrar las palabras más dulces que puede y quiere escuchar un enamorado… pero no eran para mí; o sólo para mí.

CAPÍTULO UNO
.........(ya veremos si lo puedo seguir).

jueves, 17 de abril de 2008

Martes de padre. Noche de terror.

Anoche me propuse un martes a la vieja usanza. Un martes sin noticias molestas, dedicado a mis hijos, sin terceros o cuartos molestos. Bueno, de hecho hasta estoy pensando en dar de baja mi casilla de mail, que si bien me acompaña desde los comienzos de la década menemista, hoy por hoy me da más dolores de cabeza que satisfacciones. Pero ese es otro tema.
La cuestión es que tenía un martes por la tarde bien de padre. Película de princesas para mi princesita, mientras mi adorado copiloto y yo hacíamos nuestras respectivas tareas de matemática. Por supuesto, las milanesas esperaban en el hornito a que el arroz estuviera a punto. Y de postre, una peli de miedo. “Una de grandes”, le dije para convencerlo.
Pasó la cena, pasó Itzíar (una vecina catalana muy simpática, que siempre necesita el abridor de latas), pasó el trámite de hacer camas y lavarse los dientes.
Llegó el momento de prepararnos. Todas las almohadas y almohadones disponibles en la casa dispuestos para la peli.
Los tres agarraditos de las manos, la más chica repitiendo un “yonotengomiedo” tipo mantra; el más grande, en silencio. Hasta que una escena lo sacó de su contenido estado.
“No aguanto. No puedo más. Apagá por favor. No lo soporto.” Más allá de su llanto angustiado, diría desconsolado, lo que me llamó la atención es que no fue una parte de mucha tensión con de música de acavaapasaralgoencualquiermomento.
Él temblaba, y a mí no me alcanzaban los brazos y el alma para tratar de calmarlo. Sólo repetía que no quería ver más, que no podría dormir y lloraba. De golpe se desprendió de mi abrazo y me dijo: “¿Sabés cuál es la parte que menos me gustó? Esa que la madre pide que se lleven a su hija, que la salven, porque ella ya no podía hacer nada.”
Nada de terror, nada de sobresaltos. Sólo el angustiante pedido de una madre pidiendo que salven lo más preciado para ella, más que su propia vida. Una escena, que no tiene mucho que ver con la trama central de la película, donde aparece el amor de madre por sobre todas las cosas, hizo que mi hijo no pudiera ver más, una película que (hasta ese momento) disfrutábamos juntos.
Por calmarlo, no intenté (no pude, no supe, no se me ocurrió) indagar un poco más en esa angustia existencial que lo invadía. Sólo quise sacarlo de ese estado.
Volvimos un rato a las provincias y sus capitales. Después, cuando pude que la repetición de “Entre Ríos: Paraná – Chubut: Rawson” lo relajara, se me ocurrió contarle una historia de campo, que se desarrollaba en La Pampa: Santa Rosa. Una historia con caballos, perros y la inmensidad de los campos cultivados.
Los tres pudimos dormir relajados.
La mañana siguiente la dedicamos a preparar el día sin apuros. Ya habíamos tenido una noche agitada…. En el auto, rumbo a la escuela, hablamos de la ausencia de pesadillas de la noche anterior. Después de pensarlo un rato, me dijo “La próxima vez, la vemos, sí?”. Cuando vos quieras, contesté. Y no pude decir más.
Sólo quiero volver a verlo. Quiero poder hablarle y que me hable. Quiero que pueda sacar esos fantasmas que le encierran el alma. Quiero darle la paz que necesita.

viernes, 11 de abril de 2008

Crónica de una despedida anunciada

Repasando mi libretita de notas, encontré estos pequeños escritos (de mi época sin computadora). Obvié algunos que valen menos que éstos… pero me llamó la atención que a pesar de las idas y vueltas internas, todas apuntan a un largo e irremediable ADIOS.


17 de febrero - Despedida 1
Si entiendo que nunca te tuve, no temeré perderte. Porque no soy con vos. Simplemente soy yo.
Me encantaría que fueras mi musa, mi inspiración. La cara de mis heroínas, la responsable de mis lágrimas y mis sonrisas. La dueña de cada beso, cada caricia, cada odio, cada cara y mirada.
Me encantaría que fueras todo eso menos mía. Deseo que seas tuyas, y de nadie más.
Nunca más me tendrás, ni vos, ni nadie. Jamás volvería a dejarme. Supongo que con el tiempo entenderás que ese es el principio para poder ser feliz.


16 de marzo - Despedida 2
Este vuelve a ser un momento de dudas, planteos, replanteos, autoconocimiento. Es que el costo de un nuevo error será inconmensurablemente mayor.
La libertad duele, pero enseña. Ayuda a elegir, a decidir.
¿La soledad es el “medio vaso vacío” de la libertad? La soledad para estar juntos debería ser mil veces más llevadera que la soledad incierta.

Si no pudiste con ella, menos aún podrías conmigo.


23 de marzo - Despedida 3
Tus palabras trastocaron mi suelo. Todo se sacudió y se levantó el polvo que ya estaba asentado. Ahora no sé dónde correr: si hacia vos o lo más lejos que me puedan llevar estas piernas.
Admitámoslo, no sos lo que quiero y necesito. No sé si soy lo que querés o necesitás.
Es mentira que puedo ser eternamente un novio apasionado. No puedo borrar años de conocerte. No puedo cambiar de piel, y de lo que tengo, sólo crecerá el pelo y las uñas…
¿Puedo ser todo lo románticamente estúpido para ponerte (otra vez) un cuchillo en las manos, abrirme la camisa y descubrir mi pecho a tu caprichosa locura?
Es imposible tenerte sin perderme en el camino. Pero, ¿realmente quiero tenerte o no puedo con la idea de no hacerlo? En serio, ¿cuánto duraría ese brillo en tu mirada, si es como un fósforo al viento?


30 de marzo - Despedida 4
No siempre se puede tener lo que se quiere. No siempre es bueno tener lo que uno quiere.
Darse cuenta y dejar de insistir es un trabajo emocional que insume grandes esfuerzos y cuotas de dolor. Es terminar de entender que hay cosas que nos dan un pequeño momento de satisfacción ahora, y un gran sufrimiento después, y que dura por mucho tiempo. Pan para hoy; hambre para mañana y pasado. Y para el día siguiente, y por siempre.
No hay nada por lo que debamos ceder el respeto por nosotros mismos. Y una última oportunidad se da por única vez.
Mantener la palabra dada es vital, porque es lo único que somos. Somos lo que hacemos. ¿Qué clase de respeto podemos tenernos a nosotros mismos si no somos capaces de respetar nuestras propias ideas y valores?
¿Quién dijo que es fácil? No lo es. Pero sí imprescindible. Para querernos, para respetarnos, para cuidarnos.
Y así poder querer, respetar y cuidar.


09 de abril
Me da miedo de sólo pensarlo, por eso lo escribo.


Que tu locura no te lleve
por caminos que ya caminaste,
encadenándote al infierno que te alquilaste
o arrastrarte en un charco de sangre infecta
que ya derramaste.
Dios te libre, porque vos no sos capaz



10 de abril - Despedida 5
¿Te preguntaste alguna vez cómo será vivir sin los besos que más te gustan?
Cada vez que veas uno de esos besos por la tele, en el cine o por la calle, sólo vas a pensar en cómo fue que los perdiste.



Y FINAL
Sé que el día en que muera
vendrás a llorarme sincera.
Yo, mientras tanto en mi tumba,
me daré la vuelta.
No para mostrarte la marca
que dejó tu puñal en mi espalda,
sino para que veas esa otra raya
donde guardo tu recuerdo.

lunes, 7 de abril de 2008

No sos vos, soy yo

Ya no estoy taaan enojado. Por suerte, ya no me enojo (tanto). Ahora me rio. Espero que me dure. Porque cuando rio, lo hago con ganas. No de gracia. Diría que a veces porque me dan lástima algunas situaciones ajenas.
La cuestión es que ayer me prestaron la película No sos vos, soy yo. Se nota que es una ópera prima. Se nota que es la primera de una serie de muy buenas películas. Pero lo que me pasó con ella fue grandioso. Pude recordar sentimientos, pensamientos, situaciones. Ayer me reí, lloré, putié, me alegré. Lo que cualquiera pretende de una peli. Igual, terminé con la misma sensación que cuando uno previamente ha leído el libro. Porque yo estuve ahí. Sentí lo que siente Peretti. Pensé lo que él piensa. Lo cual me dice que los que pasamos por una situación de abandono caemos en lugares muy pero muy comunes.
La autocompasión, la bronca, la desesperación, la angustia, la ansiedad, el terror de enfrentarnos a fracasos pasados y futuros. Como dice la película, "el síndrome del abandonado".
Me asombró mucho el manejo de los tiempos que tiene la película, que son los tiempos (meses) con los que yo cargo. La coincidencia me hace pensar si a todos nos llevó o nos lleva el mismo tiempo...
Como sea, buceando en mi libretita negra de notas, encontré esto. Seguramente escrito en el período de bronca. No sé por qué nunca lo publiqué (u olvidé haberlo hecho).

Me duele tu pasado, me asusta tu presente.
Mi dolor, bronca, no sé, me dice que tu futuro será igual
a lo que ya conocés pero no podés ver.
Porque vivís en una espiral que no para de volver
a repetir los errores de otro tiempo.

Los cuerpos van quedando por el camino de tu vida
Tu alma se va manchando de la sangre, no de inocentes,
sino culpables de haberse puesto en tus manos.
Esas manos que abrazan, hasta asfixiar, hasta secar el espíritu.
Como un virus se mezcla entre células y hormonas
y consume lo que necesita hasta que ya no queda nada.
Se reproduce, corrompe, seca, mata, no deja nada.

No conocés lo que es nosotros,
siempre fue un vos con alguien.
Siempre fuiste sólo vos.

Yo conseguí mi "una vez más"

Vos tuviste tu noche sin soledad
Jugamos a recordar lo que nunca existió,
pero insistimos en creer.

Por suerte, hoy rio. Ya no estoy tan enojado.

martes, 1 de abril de 2008

Y así estamos (otra vez)

Las manos me transpiran, aunque creo que en realidad cada poro de mi cuerpo deja escapar el sudor de mi cuerpo. ¿Serán las lágrimas que no tengo para derramar?
Sé que después de este ataque de ansiedad, vendrá la tristeza, la angustia. Ya estuve aquí. Ya lo había pasado y superado. Por qué he vuelto? ¿Qué tonto sueño me vendieron y compré?

Y qué más, cantan los Piojos….

Es que no era poca la oferta. Imposible. Pero por ello, muy tentadora. Y cuando uno es de querer creer…. Cree. Es más, me doy cuenta que a pesar de ver la realidad más cruda, uno no quiere dejar de creer. ¿La ingenuidad, el romanticismo, el idealismo tienen que conducirnos indefectiblemente a una decepción? Me niego rotundamente a pensar la afirmativa. Supongo que no quiero dejar de ser ni ingenuo, ni romántico ni idealista. ¿Cómo dejar de serlo? Pero, ¿cómo hacer para no dejar la piel por el camino?
O tal vez no quede otra solución que pagar el precio, y acostumbrarse que cada tanto, marcharemos unos metros con la piel hecha jirones, pero sonriendo. Porque sabemos que más adelante algo nuevo nos espera, para poder depositar todo nuestro ingenuo amor idealista sin límites.
Entonces, lo que nos que tenemos que hacer, simplemente, es levantar este pie y ponerlo adelante del otro. Y éste otro adelante del primero. Y volver a repetir esta rutina. De a poco, sin apuro y con los ojos bien abiertos, para no olvidar dónde estuvimos y ver lo que viene, lo que nos espera. Y poder disfrutarlo desde un rato antes, a la distancia, que cada vez es más corta.
Ya está por llegar.