Antes que nada, siento que debo disculparme por mi enojo de hoy, lo haya Ud. notado o no. Y es que Ud. no tiene culpa alguna. Espero que no haya tomado en cuenta las necias palabras que expresé este mediodía.
Es que Ud. tiene un corazón muy grande. Mucho muy grande. Un corazón que siente tanto, que ama tanto. Que se preocupa tanto por los suyos. Por todos los suyos. Por los de ahora, por los de antes, por los de mucho antes, por los que vendrán…
Tanta gente en ese su corazón es mucho más de lo que mi corta comprensión puede entender.
Es por ello que le repito. No ha tenido Ud. responsabilidad alguna en mi enojo de hoy. Todo es culpa mía. Es que nunca me gustaron los lugares tan concurridos. Tal vez no debería enorgullecerme semejante carencia de mi parte. Por ahora sólo me avergüenza haberla implicado en este irracional impulso mío, intolerante a esos lugares que están llenos de personas. Tal vez sea ésta una actitud muy poco social de mi parte. Tal vez, su concepto de la libre posesión que se contrapone a mi arcaica concepción de exclusividad (tanto de uso como de derecho). Tal vez no haya nada más alejado a Ud. que esta incapacidad mía de compartir ciertos lugares, que a pesar de conocerlos me empecino por ocupar, cuando en realidad ya tienen varios carteles de "ocupado".
No lo sé, y le pido que me excuse por tan pobre explicación.
Sin otro particular, siempre suyo (como otros tantos tontos),
C.d.B.
martes, 4 de marzo de 2008
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
