El tipo estaba enraizado en el cordón de la vereda. Se notaba que hacía rato que estaba ahí, en la misma posición, con la vista perdida. Con la cabeza vaya a saber uno dónde.
Me pregunté cómo hace alguien para esperar de esa manera sin fumar. Supongo que es una pregunta típica de quien no puede esperar más de 15 segundos sin un cigarrillo en la mano.
La cuestión es que el tipo, se le notaba, estaba sacado. Contenido, pero desencajado por dentro.
Le salí al paso, mientras que los chicos entraban a la casa.
-Qué hacés?- dije en un intento de saludo. - Mirá me parece que necesitás un café y una charla urgente con un amigo. Como no conozco a ninguno, te ofrezco que hagamos de cuenta que nos conocemos desde hace mucho.
No le di tiempo a responder y, sin agarrarlo, lo conduje con mi brazo como para ir a la esquina. El tipo me sacaba como mínimo, una cabeza y media, y no voy a negar que no hubiera sabido qué hacer si llegaba a ofrecer cierta resistencia. Pero no lo hizo.
Dos cortados se enfriaban en sus tazas, y hasta el momento ninguno de los dos había dicho nada. Hasta que decidí romper el silencio:
-Qué te pasa flaco? Cómo llegaste a ponerte así? Me podés explicar?- intenté sonar lo más amigable posible, tratando de sacarlo de ese estado de explosión inminente. No es que me preocupara particularmente la seguridad de mi ex mujer, pero si alguien tiene que pegarle, no habría patovica en el mundo que me quitara ese privilegio. Aunque tuviera que sentarme a charlotear con quien fuera un fantasma que me produjo insomnio por varios meses, a quien imaginé como un Adonis divertido y seguro de sí mismo (algo así como el poseedor de todo lo que yo sentía que me faltaba), y ahora no era más que un nene grandote que le sacaron el chupete y no se acuerda ni cómo pedir que se lo devuelvan. Casi daba lástima. Seguramente, daba lástima ver a alguien así, pero en ese momento sólo pensaba en calmarlo, que se fuera tranquilo a dormir a deprimirse, me chupaba un huevo dónde y a qué, pero lejos de mis hijos.
-Es que no entiendo qué pasó. Estaba todo tan bien. Nosotros….
-A ver, ahorrame los detalles que no ayudan. Tenés casi 45 años y parecés un pendejo de 15 que se acaba de pelear con su novia del primario. Flaco, tenés ex mujer, dos hijos, supongo que alguna novia post matrimonio…. ¿No aprendiste nada? Yo pensaba que sabías qué decir y cómo actuar, que me llevabas siempre un paso de distancia porque ya habías estado ahí antes. Pero ahora no sé qué pensar. Si esta es la primer loca que te cruzás, supongo que en tus anteriores relaciones fracasadas (no pude resistir la tentación de remarcar y tirarle esa palabra en la cara) la culpa fue tuya, y si no, deduzco que el loco sos vos. Ahora, está descontado que ella está loca –soy testigo y víctima-. Pero vos te metiste en una historia, que supongo conocías. Viste cómo actuó en ese momento. Supongo que te habrá hablado de 20 difíciles años de matrimonio. Supongo que le creíste. ¿Pero nunca te llamó la atención que a los tres días de separada ya quería que vivieran juntos, con los tuyos los de ella y los que vinieran? ¿No te sonó raro? ¿En qué parte de esa historia te pudiste enganchar? ¿Cómo no huiste despavorido cuando se te instaló, a los 15 días, en tu casa a que le hicieras de enfermero? ¿¿TAN SOLO ESTÁS EN LA VIDA??
Sin darme cuenta, había levantado la voz más de lo políticamente correcto. Noté que tenía las piernas haciendo presión contra el piso como con intención de pararme. Sólo me faltaba pegarle un revés, de esos que dan en las películas para que una persona en shock reaccione. Ganas no me faltaban.
Me miró sorprendido, como quien mira a un desconocido que se toma las atribuciones de amigo y confidente. Como preguntándose si realmente yo estaba preocupado por él. Y la realidad, es que todas esas preguntas ya me las había hecho tiempo antes, y no le había encontrado respuesta. Tenía ahora la posibilidad de saber qué carajo tenía en la cabeza el punto este.
Los ojos hinchados, tal vez por un par de noches en vela, y de golpe se le empezaron a llenar de lágrimas.
De golpe, una idea se me cruzó por la cabeza. En realidad, no fue una idea sino una certeza.
-No es la primera vez que te dejan sin razón aparente.- dije convencido.
Ahora sí, más allá de la hinchazón, los ojos se abrieron tanto que parecía que se iban a escapar de sus cuencas.
Al ver su reacción me envalentoné:
-No podés creer que siendo un tipo que calcula y organiza cada detalle, otra vez se te haya escapado todo de las manos otra vez. Y seguís sin entender. Creíste haber conseguido todo lo que necesitabas. Casa grande para vos y tus hijos, mucho mejor que la que tenía antes de separarte, una joven mujer, un perro, terraza con parrilla.
-No sé hacer asados- dijo como para sí mismo.
En ese momento sí le tuve lástima. Pero me recompuse y seguí:
-De golpe te das cuenta que estás otra vez fuera. Sin casa. Que el perro, que es una lástima de animal, tan chiquito e hincha pelotas, nunca te quiso. Sin mujer joven, que está loca, pero a vos ni siquiera te importa eso. La cuestión es que estás solo. Otra vez. Y no lo tenías calculado. Y tus hijos…
Me cortó la frase y el envión que había tomado con un ataque de llanto mocoso. Viéndolo, me acordé que a mí nunca me había gustado llorar en público. Entendí por qué. Era un espectáculo horrible ver a un tipo grande, en su caso de edad y tamaño, chillar finito como un nene.
De golpe noté la mirada desde otras mesas. Les sonreí a cada uno de los vecinos de mesa, mirándolos a los ojos para hacerlos desviar la vista del pequeño espectáculo que ofrecíamos.
Listo. La bronca había sido reemplazada por la angustia. Ya tenía media victoria adentro. Sólo me faltaba despacharlo. Le estaba por aconsejar llamar a un amigo de verdad o a alguien para que lo acompañara, lo bancara. Pero antes, no pude, lo intenté pero no pude, probé de revolver un poquitito más el puñal de la angustia.
Le puse la mano en el hombro y con palmadas cortas le empecé a decir: -Me imagino lo que debe doler…. Tantas expectativas, tanta frustración.- y subrayé como si fuera para mí: -Otra vez-
Noté que las palabras surtían el efecto esperado. No me avergüenza decir que no sentí culpa ni remordimiento. Sólo me paré para irme.
-Animo, ya pasará- dije por decir. –Che, eso sí, te dejo para que pagues los cafés. Supongo que no tendrás problema. Más considerando que, gracias a vos, ahora tengo casi una luca de alquiler por mes, no? Bueno chau, que sigas bien.
Y lo dejé con su dolor y la cuenta.
Alguna vez entenderán que no tienen que meterse con los petisos.
Me pregunté cómo hace alguien para esperar de esa manera sin fumar. Supongo que es una pregunta típica de quien no puede esperar más de 15 segundos sin un cigarrillo en la mano.
La cuestión es que el tipo, se le notaba, estaba sacado. Contenido, pero desencajado por dentro.
Le salí al paso, mientras que los chicos entraban a la casa.
-Qué hacés?- dije en un intento de saludo. - Mirá me parece que necesitás un café y una charla urgente con un amigo. Como no conozco a ninguno, te ofrezco que hagamos de cuenta que nos conocemos desde hace mucho.
No le di tiempo a responder y, sin agarrarlo, lo conduje con mi brazo como para ir a la esquina. El tipo me sacaba como mínimo, una cabeza y media, y no voy a negar que no hubiera sabido qué hacer si llegaba a ofrecer cierta resistencia. Pero no lo hizo.
Dos cortados se enfriaban en sus tazas, y hasta el momento ninguno de los dos había dicho nada. Hasta que decidí romper el silencio:
-Qué te pasa flaco? Cómo llegaste a ponerte así? Me podés explicar?- intenté sonar lo más amigable posible, tratando de sacarlo de ese estado de explosión inminente. No es que me preocupara particularmente la seguridad de mi ex mujer, pero si alguien tiene que pegarle, no habría patovica en el mundo que me quitara ese privilegio. Aunque tuviera que sentarme a charlotear con quien fuera un fantasma que me produjo insomnio por varios meses, a quien imaginé como un Adonis divertido y seguro de sí mismo (algo así como el poseedor de todo lo que yo sentía que me faltaba), y ahora no era más que un nene grandote que le sacaron el chupete y no se acuerda ni cómo pedir que se lo devuelvan. Casi daba lástima. Seguramente, daba lástima ver a alguien así, pero en ese momento sólo pensaba en calmarlo, que se fuera tranquilo a dormir a deprimirse, me chupaba un huevo dónde y a qué, pero lejos de mis hijos.
-Es que no entiendo qué pasó. Estaba todo tan bien. Nosotros….
-A ver, ahorrame los detalles que no ayudan. Tenés casi 45 años y parecés un pendejo de 15 que se acaba de pelear con su novia del primario. Flaco, tenés ex mujer, dos hijos, supongo que alguna novia post matrimonio…. ¿No aprendiste nada? Yo pensaba que sabías qué decir y cómo actuar, que me llevabas siempre un paso de distancia porque ya habías estado ahí antes. Pero ahora no sé qué pensar. Si esta es la primer loca que te cruzás, supongo que en tus anteriores relaciones fracasadas (no pude resistir la tentación de remarcar y tirarle esa palabra en la cara) la culpa fue tuya, y si no, deduzco que el loco sos vos. Ahora, está descontado que ella está loca –soy testigo y víctima-. Pero vos te metiste en una historia, que supongo conocías. Viste cómo actuó en ese momento. Supongo que te habrá hablado de 20 difíciles años de matrimonio. Supongo que le creíste. ¿Pero nunca te llamó la atención que a los tres días de separada ya quería que vivieran juntos, con los tuyos los de ella y los que vinieran? ¿No te sonó raro? ¿En qué parte de esa historia te pudiste enganchar? ¿Cómo no huiste despavorido cuando se te instaló, a los 15 días, en tu casa a que le hicieras de enfermero? ¿¿TAN SOLO ESTÁS EN LA VIDA??
Sin darme cuenta, había levantado la voz más de lo políticamente correcto. Noté que tenía las piernas haciendo presión contra el piso como con intención de pararme. Sólo me faltaba pegarle un revés, de esos que dan en las películas para que una persona en shock reaccione. Ganas no me faltaban.
Me miró sorprendido, como quien mira a un desconocido que se toma las atribuciones de amigo y confidente. Como preguntándose si realmente yo estaba preocupado por él. Y la realidad, es que todas esas preguntas ya me las había hecho tiempo antes, y no le había encontrado respuesta. Tenía ahora la posibilidad de saber qué carajo tenía en la cabeza el punto este.
Los ojos hinchados, tal vez por un par de noches en vela, y de golpe se le empezaron a llenar de lágrimas.
De golpe, una idea se me cruzó por la cabeza. En realidad, no fue una idea sino una certeza.
-No es la primera vez que te dejan sin razón aparente.- dije convencido.
Ahora sí, más allá de la hinchazón, los ojos se abrieron tanto que parecía que se iban a escapar de sus cuencas.
Al ver su reacción me envalentoné:
-No podés creer que siendo un tipo que calcula y organiza cada detalle, otra vez se te haya escapado todo de las manos otra vez. Y seguís sin entender. Creíste haber conseguido todo lo que necesitabas. Casa grande para vos y tus hijos, mucho mejor que la que tenía antes de separarte, una joven mujer, un perro, terraza con parrilla.
-No sé hacer asados- dijo como para sí mismo.
En ese momento sí le tuve lástima. Pero me recompuse y seguí:
-De golpe te das cuenta que estás otra vez fuera. Sin casa. Que el perro, que es una lástima de animal, tan chiquito e hincha pelotas, nunca te quiso. Sin mujer joven, que está loca, pero a vos ni siquiera te importa eso. La cuestión es que estás solo. Otra vez. Y no lo tenías calculado. Y tus hijos…
Me cortó la frase y el envión que había tomado con un ataque de llanto mocoso. Viéndolo, me acordé que a mí nunca me había gustado llorar en público. Entendí por qué. Era un espectáculo horrible ver a un tipo grande, en su caso de edad y tamaño, chillar finito como un nene.
De golpe noté la mirada desde otras mesas. Les sonreí a cada uno de los vecinos de mesa, mirándolos a los ojos para hacerlos desviar la vista del pequeño espectáculo que ofrecíamos.
Listo. La bronca había sido reemplazada por la angustia. Ya tenía media victoria adentro. Sólo me faltaba despacharlo. Le estaba por aconsejar llamar a un amigo de verdad o a alguien para que lo acompañara, lo bancara. Pero antes, no pude, lo intenté pero no pude, probé de revolver un poquitito más el puñal de la angustia.
Le puse la mano en el hombro y con palmadas cortas le empecé a decir: -Me imagino lo que debe doler…. Tantas expectativas, tanta frustración.- y subrayé como si fuera para mí: -Otra vez-
Noté que las palabras surtían el efecto esperado. No me avergüenza decir que no sentí culpa ni remordimiento. Sólo me paré para irme.
-Animo, ya pasará- dije por decir. –Che, eso sí, te dejo para que pagues los cafés. Supongo que no tendrás problema. Más considerando que, gracias a vos, ahora tengo casi una luca de alquiler por mes, no? Bueno chau, que sigas bien.
Y lo dejé con su dolor y la cuenta.
Alguna vez entenderán que no tienen que meterse con los petisos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario