Y pasó lo que tenía que pasar. Fue inevitable.
Me resistí cuanto pude. Lo negué con largas explicaciones a quienes me rodean. Inclusive me lo negué a mí mismo. Pasé de largo toda página que hablara del tema, dejé de comprar diarios, de ver la tele.
Pero cuando las cosas están escritas, es poco lo que uno puede hacer para torcer el destino.
El celular sonaba insistente. Los metros que me separaban de él parecían estirarse a cada paso que daba. A las nueve de la mañana de un lunes, no es mucha la gente que suele llamarme, por lo que, preso de mi presuponer, me preguntaba que nuevo conflicto se estaría gestando del otro lado de la línea.
Me resistí cuanto pude. Lo negué con largas explicaciones a quienes me rodean. Inclusive me lo negué a mí mismo. Pasé de largo toda página que hablara del tema, dejé de comprar diarios, de ver la tele.
Pero cuando las cosas están escritas, es poco lo que uno puede hacer para torcer el destino.
El celular sonaba insistente. Los metros que me separaban de él parecían estirarse a cada paso que daba. A las nueve de la mañana de un lunes, no es mucha la gente que suele llamarme, por lo que, preso de mi presuponer, me preguntaba que nuevo conflicto se estaría gestando del otro lado de la línea.
“Hola, hola.”- insistí. Silencio de radio. Mierda, estaban los auriculares conectados. Arranqué el cablecito de un tirón.
-“Te conseguí entradas para mañana, vas?” – me apuró una voz que no esperaba.
-“¿¿…?? ¿¿¿Entradas para qué???
- “¡Serrat-Sabina, boludo!”
- “…s-s-sí, claro. Gracias.”
-“Listo. Chau. – y cortó.”
Y me quedé con el teléfono en una mano y el cable en la otra, todavía sin entender cómo toda una serie de serios argumentos se habían derrumbado, desplomado ante a un llamado telefónico de 16 segundos.
Así sería, aunque quisiera negarlo. No hubo resistencia posible. Pasó. Iré. Otra primera vez…
¿Poguearé? ¿Me sentaré en el pasto a llorar? ¿Putearé mirando el cielo? ¿Intentaré atentar contra los dos ibéricos? ¿Corearé hasta quedarme afónico?
No lo sé. Como no sabía que estaría allí para escucharlos. Para contarles y que me cuenten historias que mil veces fantasié y nunca pensé vivir.
Hay unos versos que desde hace un tiempo me piden salir a la luz, pero no encuentro a los que los acompañen dignamente. Me parece lógico que aparezcan solos. Con un poco de suerte y trabajo, pronto tendrán compañía.
¿Alcanza que te guste Sabina
Para quererte toda la vida?
Sé que suena un poco loco,
Pero ya aprendí que el amor
Empieza siempre con muy poco.
C.d.B.

1 comentario:
los ultimos dos versos son sublimes.
beso
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