Esos pensamientos que vienen y arrastran
toda la alegría que pensaste lograr
más te vale sacarlos rápido de tu mente
antes que te hagan explotar.
Un pensamiento feliz
no debería ser difícil de encontrar
salvo que hubieras olvidado tu alma
en el cuerpo de quien te fuera a traicionar.
¿Y ahora dónde vas a buscar
esa sensación tan necesaria,
esa emoción olvidada
para poder resucitar?
Con toda la ironía que fue capaz
te deseó “renace como el ave Fénix”,
sin imaginar jamás
que convirtiendo tu alma en ceniza
la liberaba de la cadena
de esa dulce y culpable condena.
Es hora de sentir el viento en la cara,
del vértigo en el estómago
ante lo desconocido
alejándote cada vez más
de la sensación de estar vencido.
Hasta el árbol más fuerte
puede quebrarse un día
ante un viento inesperado.
Pero si no cae,
la herida se hace callo.
(¿continuará?)
lunes, 26 de noviembre de 2007
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