Hace tiempo ya comenté, y hasta creo haber agotado a los que me rodean. Todavía me asaltan pensamientos que NO quiero tener. Que no debo. Que no me hacen bien. De hecho, me hacen bastante mal.
Así que estoy en plan de erradicar esta basura de mi cabeza. La forma tradicional sería esperar a que se pase. Pero como no estoy seguro de cuánto tiempo puede llevar, pensé en un anestesiante. Para el mientras tanto.
Necesito un pensamiento feliz. Algo que tape los otros. Algo lo suficientemente poderoso que me permita focalizar el futuro y empezar a enterrar el pasado. Que me permita despegar los pies del barro donde, cada tanto, caigo.
Imágenes.
Las imágenes son fuertes, completas y pueden contener varias ideas asociadas.
Un hombre de espaldas, sentado frente a la computadora, escribe. Sobre el escritorio hay una libreta de notas, un paquete de cigarrillos, encendedor, cenicero, mate y pava. No usa termo. Frente a sí, en la pared, un corcho lleno de fotos, dibujos, recortes. La habitación está a oscuras, parece ser de noche, sólo iluminado por un pequeño velador.
Escribe historias. Saca sus fantasmas, los convierte en algo distinto, los pone en otro lugar, en otro momento, rodeado de otras cosas. Y así los mata.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario