viernes, 19 de octubre de 2007

Por AMOR al deporte

Después de casi dos meses de tener el corazón (o una parte) concentrado en Paris, de torturar a los conocidos con referencias al Mundial de rugby y de haber abandonado totalmente mi interés por el fútbol local, me dispongo a disfrutar del primer séptimo partido de una copa del mundo en la historia de los Pumas.
Orgullo por los logros, por el espíritu de equipo que demostraron, por el espíritu del juego en sí.
Espero, más que un tercer puesto y una nueva victoria frente a los franceses, que vuelva a aparecer la mística, la garra y el amor propio del equipo argentino. Ese amor propio lastimado por no alcanzar el objetivo fijado en un principio.

Este es un deporte de equipo, donde se depende de cada uno de los quince que entran a la cancha, donde no hay un D10s que te haga ganar el partido. Espero que a pesar de ser el cierre de un ciclo del grupo y el fin del sueño mundialista para algunos de esos 15, no deje de estar presente la idea de que la historia continúa a pesar de los nombres de los hombres. Que hay una historia que respetar, un juego que merece respeto. Y que se lo respeta jugando con el 100% del corazón. Con el cuerpo caliente, y la cabeza fría.

Bueno, no estoy seguro si me gusta algo de lo que escribí. Pero hice una mención horas antes del primer partido, no quise estar ausente en el último.
Por cábala. Por amor a este deporte. O simplemente para sentirme un poquito (muy poquito) parte de esta fiesta.


¡Vamos Pumas carajo!

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