Luego de abandonar la panza y comenzar a tener un cuerpo de “Adonis”, me comprometo con el cambio. Retomo aquello que abandoné hace tanto tiempo. Anoche, me puse la joggineta, zapatillas, música en los oídos y a correr.
La humedad del ambiente, sobre todo al lado del río, se soporta mejor cuando uno también está todo mojado (léase transpirado).
Más allá de un estado atlético deplorable, la sensación de mover el cuerpo fue reconfortante hasta puntos orgásmicos. La tensión de los músculos, el esfuerzo, la vívida sensación del aire entrando y saliendo del pecho. El cansancio físico y la cabeza fresca.
El disfrute tanto tiempo pospuesto. Libre de culpa y cargo. Libre.
Baño sin apuro, el correr del agua por el cuerpo que se afloja. El agua que limpia y libera. Una especie de bautismo relajante.
Ya puro, una caminata liviana hasta el barcito de Pto. Madero. Me encanta hacer tiempo en bares, cafés y afines. Más cuando tengo con quien hablar o qué leer.
Ceno, leo, hago tiempo. Todo sin apuro. Puro placer. Saboreando lo que viene.
Una película. Caricias porque sí, sin interés, despreocupadas, una charla divertida, cómplice, anhelada. Una caminata del brazo, disfrutando del lugar, de la compañía, de uno mismo.
Y ahí,
después de un rato,
ya sólo conmigo mismo,
darme cuenta cuántas cosas hay que quiero
y no entender porqué no las tenía….
viernes, 14 de septiembre de 2007
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