jueves, 13 de septiembre de 2007

Lo confieso: tuve mi lunes negro.

Ódio estar de mal humor. Estar así me pone de pésimo humor. Tanto que ahora siento llegar la angustia. Lenta, invasiva, no se detiene. Arrastra todo lo que quería o sentía unos días atrás.
No me deja pensar, ni dejar de pensar. Ni siquiera puedo explicarla. O no quiero. No quiero volver atrás. Ya había pasado por esto. Y ya estaba bien. O no.
¿Qué etapa me faltó transitar? ¿O es que hay algo que no estoy haciendo bien?
Pero la angustia no cede. ¿Me corro o dejo atravesarme?
¿Y si estoy solo, cuál es el problema? ¿Por qué no puedo disfrutarlo?
Veo a la gente que no es de acá, que sólo lleva su mochila a cuestas, y me dan tantas ganas….. y sé que no podría. Y no sé si las ganas de llorar son por no poder o por lo que no puedo. O por pensarlo, desearlo.
Hoy me ganaron. Hoy siento que me ganaron.
Y duele sentir eso. Sé que pasará, pero hasta que ese momento llegue, no lo creo.

Creer, querer, saber.

En una película, ésta escena duraría como máximo 3 minutos (y, tal vez, hasta sería mucho). ¿Y qué haría el quiebre, el cambio de clima? ¿Una francesita? Y si así fuera, ¿qué mérito tendría yo? Digo, ¿qué habría cambiado en mí?
Hace tanto que no me río con ganas, por nada y sin nada….
¡Hace tanto que no hablo de otra cosa…!

¡Sabina y la puta madre que te parió! ¿Por qué habré elegido sentarme en este bar?

¡Mierda! Ni siquiera puedo pedir otra cerveza! Ufff, ya pude. Sí, Heineken. ¡Ja! Ni siquiera tuve que mirarlo, sólo levantar la cabeza, darme cuenta que me miraba y apoyar el dedo en el porrón. Ya entendió. Quiero otra.
¿Ir a la Facultad? No, sólo buscar un buen lugar para poder llorar.
Porque hablar no podría. Tampoco creo que quisiera. ¿Para decir qué cosa que no haya dicho ya? ¿Para contar qué? No tengo nada nuevo que contar.
Y recordar, ¿para qué? Sólo para llorar…. Y llorar, ¿para qué? ¿Desahogar la bronca? La bronca cambió y fue angustia por mí. ¿Por mí? ¿Qué es en realidad lo que me angustia? ¿¿Haberla perdido?? Eso, mejor a estar con una persona así.
¿Quiero lo que ella tiene, ella que no tiene nada? ¿Lo sé, lo creo o quiero creerlo?

Otra vez, creer, querer, saber….

Por suerte cambiaron el CD…. Creedence no me recuerda a nada.

Corre una brisa fresca.
Creo, sé, que quiero irme…. Apuro la cerveza…. Pero no sé dónde.
Tal vez sea mejor quedarme un poco más, aunque el banco de madera se me esté clavando en los huesos.
Trato de pensar, el porqué de las últimas lágrimas. Seguro que no por ella, sino por mí.

Estoy a cinco tragos de terminar mi cerveza… ¿alguna conclusión?
Mejor, voy pidiendo la cuenta.
Dos tragos.
Prendo el último cigarrillo del paquete.
Pago. Ya me estoy yendo.
Último trago.
Tengo que comprar más cigarrillos.

No hay comentarios: